miércoles, 10 de marzo de 2010

Joanot martorell

Su nacimiento se sitúa entre el 1413 y el 1415 en la ciudad de Valencia en el seno de una noble familia originaria de Gandía, pero establecida en Valencia desde 1400, según el historiador Jaume Chiner, su familia era originaria de Gandia aunque estaba establecida en Valencia desde el año 1400. Su abuelo Guillem Martorell fue consejero real y su padre Francesç Martorell casado con Damiata Abelló, fue mayordomo del rey Martín el Humano.[1]

De Joanot Martorell, estuvo casado con una hermana de Ausias March y se conocen bastantes elementos biográficos que lo muestran como un caballero de vida agitada luchador y agresivo. Tuvo una vida agitada, salteada de lances caballerescos, y asuntos amorosos así como numerosos viajes. si bien en la mayoría de los casos, incluso los desafíos a muerte, no pasaron de duelos verbales.[1]

A partir del 1433 se data como el primer nombramiento de Joanot como caballero.[1] Estuvo por largas temporadas en Inglaterra, Portugal y Nápoles, como consecuencia de diversas luchas caballerescas a las que era tan aficionado. De todas sus batallas entre caballeros tenemos información a partir de letras de batallas que Martorell escribió durante toda su vida. Esto lo plasmó en el Tirante el Blanco, también trabajó como prosista. En uno de sus viajes en 1438, a Inglaterra, compuso uno de sus famosos poemas Plena de Seny.

Entre los enfrentamientos que tuvo se pueden resaltar:[1]

  • En una ocasión Joanot Martorell desafió a su primo Joan de Monpalau que al parecer había yacido en amores con una hermana suya, prometido en matrimonio y se negó a cumplir su promesa. El litigio se alargó entre 1437 y 1445.
  • Entre 1444 y 1450 tenemos constancia de otro litigio con Gonzalo de Híjar, comendador de Montalbán, por un asunto relacionado con la venta de unas propiedades, este se saldó a favor de Martorell.
  • En el año 1442 contra Felip Boïl, por causas de testimoniaje.

De todos estos enfrentamientos se guardan catorce «lletres de batalla» (cartas intercambiadas) que han sido editadas en una edición del Tirante el Blanco publicada por Martí de Riquer en las ediciones de 1969 y 1979.

Martorell residía en la calle del Mar de Valencia, en un palacete que aún se conserva, junto a la casa natal de San Vicente Ferrer. Después de la venta de sus señoríos, se incrementó la ruina económica. Martí Joan de Galba, instalado en Valencia, le prestaba mucho dinero porque pasaba muchas necesidades. La fecha de su muerte se sitúa entre marzo y abril de 1468.

Los templarios


Los templarios


La Orden del Temple fue una orden medieval de carácter religioso y militar cargada de tintes legendarios, nacida en la primera cruzada. Fue fundada en Jerusalén en 1118 por nueve caballeros franceses, con Hugo de Payens a la cabeza.

En sus inicios su denominación oficial fue Orden de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón; más tarde fueron conocidos comúnmente como Caballeros templarios o Caballeros del templo de Salomón, denominación surgida tras instalarse en el antiguo templo de Salomón. La designación de Orden del Temple es la traducción de esto al francés, siendo muy extendida dados los amplios lazos Templarios con Francia.


Con la ayuda del abate San Bernardo de Claraval y su escrito De laude novae militiae redactaron su regla basada en la regla de San Benito, de acuerdo con su reciente reforma por los cistercienses, de los que adoptaron el hábito blanco al que añadieron la cruz encarnada; en 1128, en el concilio de Troyes, la orden obtuvo de Honorio II la aprobación papal. Los privilegios de la orden sobre el botín obtenido en Tierra Santa fueron confirmados por las bulas Omne Datum Optimum (1139), Milites Templi (1144) y Militia Dei (1145). A lo largo de su historia, templarios y cistercienses, aunque fueran órdenes distintas, se mantuvieron interrelacionadas.


Durante su estancia inicial en Jerusalén se dedicaron únicamente a escoltar a los peregrinos que acudían a los santos lugares, ya que su escaso número (9) no permitía que realizaran actuaciones de mayor magnitud. Sin embargo, su número aumentó de manera significativa al ser aprobada su regla y ese fue el inicio de la gran expansión de los "pauvres chevaliers du temple" . Las bulas papales, que les daban derechos sobre las conquistas en Tierra Santa, los hacía depender directamente de él (y por tanto, los apartaba del poder de reyes y obispos) y les concedían el derecho de construir fortalezas e iglesias propias, lo que les dio gran independencia y poder.


Debido a que se han encontrado restos arqueológicos templarios en túneles bajo el Templo de Salomón, muchos eruditos han especulado que los templarios se dedicaban a obtener restos arqueológicos importantes para el cristianismo, como son el Santo Grial, un trozo de la cruz en la cual murió Jesús o incluso restos que podían destruir varios cánones de la iglesia de ese entonces. Para evitar que estos descubrimientos pudiesen traer consecuencias nefastas para la iglesia, esta les dio las tierras y los derechos anteriormente mencionados.


Aparte del consabido poderío militar, con el transcurso del tiempo, se convirtieron a través de donaciones, en uno de los mayores terratenientes de Europa. Hay que nombrar, por ejemplo, como el rey aragonés Alfonso I el batallador dejó su reino a las órdenes militares, que renunciaron a este a cambio de numerosas ventajas. Además, con el fin de salvaguardar los ahorros de los peregrinos, desarrollaron un sistema bancario basado en garantías (similares a los cheques de viaje actuales), que se podían intercambiar por la cantidad indicada en cualquier posesión templaria y alejaban el peligro de llevar grandes cantidades de dinero en efectivo. Este sistema bancario, y sus abundantes riquezas convirtieron a la orden en una gran prestamista, que aportaba los fondos cuando los diversos reyes europeos necesitaban dinero. Los templarios llegarían a ser una de las instituciones más ricas de su época, contando con vastas tierras y señoríos, numerosas ventajas comerciales, grandes tesoros, flotas comerciales que partían desde Marsella.

Ausias March

Hijo del también caballero y poeta Pere March y de Leonor Ripoll. Según distintas versiones el lugar de su nacimiento podría ser Valencia, aunque tradicionalmente se creía nacido en Alicante, y una tercera versión sostienen que nació en Beniarjó, (pueblo cercano a Gandía). De joven participó en las expediciones que el rey Alfonso V el Magnánimo realizó por el Mediterráneo.

Fue Señor de Beniarjó, Pardines y Vernissa, y halconero mayor de Alfonso V el Magnánimo. Fue armado caballero en 1419. Participó en la expedición de Alfonso V a Córcega y Cerdeña, y en otras expediciones contra los piratas del Mediterráneo. En 1425 se retiró a sus posesiones valencianas, instalándose en Gandía en 1428. De notar es en este período su relación personal y literaria con el príncipe Carlos de Viana, heredero al trono de Navarra.

Tumba de Ausiàs March en la Catedral de Santa María de Valencia.

A partir de los veintisiete años ya no saldría de su tierra; primero en Gandía, donde administraba sus propiedades; y después en Valencia, donde tuvo una vida muy movida y desordenada. Comienza a escribir en 1430. Tres años más tarde, el infante Juan, Duque de Gandía, confirma sus privilegios como señor feudal.

En 1437, a los cuarenta años se casó con Isabel Martorell, hermana de Joanot Martorell, autor de Tirant lo Blanch. Dos años más tarde Isabel muere y Ausiàs March contrae segundas nupcias con Joana Escorna, quien murió en 1443. A pesar de carecer de hijos legítimos en sus matrimonios se sabe de la existencia de amantes y 5 hijos naturales.

Ausiàs March murió el 3 de marzo del año 1459 en Valencia, dejando cinco hijos bastardos pero ninguno legítimo. Fue enterrado en la catedral de Valencia, donde aún puede verse su losa sepulcral, cerca de la Porta de la Almoyna.



El CID


I.- Introducción

Héroe nacional por excelencia Rodrigo Díaz, el Cid, el más universal de los burgaleses, encarna el prototipo del caballero con las máximas virtudes, fuerte y leal, justo y valiente, prudente y templado, guerrero y culto...

A pesar de la distancia que nos separa de su vida, conocemos con bastante exactitud su vida y obra. Mucha leyenda le rodea, pero, su figura ha sido estudiada con gran rigor por grandes especialistas, como Menéndez Pidal. Gracias a estas personas, conocemos la personalidad del caballero burgalés, los hechos que hicieron sus días, su vida familiar, y hasta su caballo y espadas son por todos conocidos.

Sus restos y los de Jimena, su esposa, descansan en el centro de la catedral de la capital de Castilla, Burgos, pero su espíritu está con nosotros aún presente.

II.- Biografía del Campeador.

Rodrigo Díaz nació en Vivar, pequeña aldea situada a 7 kilómetros de la ciudad de Burgos en 1043. Hijo de Diego Laínez, noble caballero de la Corte Castellana y de una hija de Rodrigo Alvarez. Descendiente es por línea paterna de Laín Calvo, uno de los dos Jueces de Castilla.

A los 15 años quedó huérfano de padre y se crió en la corte del rey Fernando I junto al hijo del monarca, el príncipe Sancho. Ambos crecieron juntos y trabaron buena amistad durante cinco años. También se educó en las letras y en las leyes, seguramente en el monasterio de San Pedro de Cardeña, lecciones que le servirían posteriormente para representar en pleitos al mismo monasterio y también al mismísimo Alfonso VI el cual confió al burgalés numerosas misiones diplomáticas en las que debía conocer perfectamente las leyes.

Entre los años 1063 a 1072 fue el brazo derecho de don Sancho y guerreó junto a él en Zaragoza, Coimbra, y Zamora, época en la cual fue armado primeramente caballero y también nombrado Alférez y "príncipe de la hueste" de Sancho II.

A los 23 años obtuvo el título de "Campeador" -Campidoctor- al vencer en duelo personal al alférez del reino de Navarra.

A los 24 años era conocido ya como Cidi o Mío Cid, expresión de cariño y admiración.

Con la muerte de Sancho II en el cerco de Zamora y tras la jura de Santa Gadea tomada por Rodrigo al nuevo rey castellano, Alfonso VI, la suerte del Cid cambió y su gran capacidad fue desechada por la ira y envidia del nuevo monarca.

En 1081 el Cid es desterrado por primera vez de Castilla. 300 de los mejores caballeros castellanos le acompañaron en tan difícil situación. Esta etapa duró unos 6 años los cuales fueron aprovechados por Rodrigo y sus hombres para hacer de Zaragoza su cuartel general y luchar en el Levante.

Vuelve a Burgos en 1087 pero poco duró su paz con el rey por lo que marchó de hacia Valencia donde se convirtió en el protector del rey Al-Cádir y sometió a los reyezuelos de Albarracín y Alpuente.

El almorávide Yusuf cruza en 1089 el estrecho de Gibraltar y el rey Alfonso pide ayuda al caballero castellano, pero por una mal entendido entre ambos surge una nueva rencilla entre el rey y su leal súbdito y el monarca le destierra por segunda vez en 1089.

En los diez años siguientes, la fama del Cid se acrecentó espectacularmente al contrario que el reinado del rey. En menos de un año el Cid se hizo señor de los reinos moros de Lérida, Tortosa, Valencia, Denia, Albarracín, y Alpuente.

En torno al 1093, matan a su protegido de Valencia Al-Cádir, ciudad que fue tomada por Ben Yehhaf. El Cid asedió durante 19 meses la ciudad y finalmente entró triunfal en junio de 1094.

Rodrigo se convirtió en el señor de Valencia, otorgó a la ciudad un estatuto de justicia envidiable y equilibrado, restauró la religión cristiana y al mismo tiempo renovó la mezquita de los musulmanes, acuñó moneda, se rodeó de una corte de estilo oriental con poetas tanto árabes como cristianos y gentes eminentes en el mundo de las leyes, en definitiva, organizó con grandísima maestría la vida del municipio valenciano.

Aún habría de combatir numerosas batallas, como la que el mismo año le enfrentó al emperador almorávide Mahammad, sobrino de Yusuf, el cual se presentó a las puertas de Valencia con 150.000 caballeros. La victoria fue total, tan grande fue el número de enemigos como grande fue el botín a ellos recogido.

En 1097 muere en la batalla de Consuegra su único hijo varón, Diego.

El domingo 10 de julio de 1099, muere el Cid. Toda la cristiandad lloró su muerte.

III.- El Destierro.

Al morir Fernando I (primer rey de Castilla), divide su reino entre sus hijos. A Don García le da Galicia, a Don Alfonso León, Castilla a Don Sancho y Toro y Zamora a Doña Elvira y Doña Urraca respectivamente. Sancho no contento con el reparto intenta unificar los territorios con la ayuda de su alférez El Cid.

Juntos lucharon en varias batallas, entre ellas, el duelo judicial o campo de la verdad en el que el Cid derrotó al navarro Jimeno Garcés obteniendo el título de Campeador. también lucharon en las batallas de Llantada y Golpejar, en las cuales vencimos y derrotando a los leoneses, Alfonso pierde la corona de León en favor de Sancho, rey de Castilla. También acompañó el Cid al cerco de Zamora, donde el rey Sancho fue asesinado a traición por Bellido Dolfos.

Por ser el Cid jefe de las tropas del rey Sancho y por sus conocimientos jurídicos en Derecho Castellano, fue el mismo quien tomó juramento en la Iglesia de Santa Gadea de Burgos, a Don Alfonso, de no haber tenido arte ni parte en la muerte de Don Sancho.

Debido a esta razón, entre otras seguramente, el nuevo rey de Castilla, Alfonso VI, destituyó a Rodrigo de su cargo y nombró Alférez real a García Ordóñez, pasando el Cid a un segundo plano en la corte.

Tras esto, el Cid tomó matrimonio con Jimena, hija del Conde de Oviedo, nieta de Alfonso VI y biznieta de Alfonso V el 19 de Julio de 1074.

En 1079, se dirige a Sevilla para cobrar los tributos (parias) del rey de Sevilla a Alfonso VI. Esta en ello cuando él y el rey de Sevilla fueron atacados por el rey de Granada y García Ordoñez. Las mesnadas del Cid consiguen vencer a los asaltantes y Rodrigo humilla a García Ordóñez en el castillo de Cabra, pero a la vuelta a Burgos, este último, y Pedro Ansúrez, desencadenan traición contra el Cid, consiguiendo que Alfonso VI le destierre, y prohibe a todos los burgaleses darle ayuda o aposento alguno, como así dicen los versos del Cantar:

lunes, 1 de marzo de 2010

El manicomio de Fray Juan Gilabert Jofre



Un 24 de febrero de 1409, el padre Juan Gilabert Jofré pronunció un sermón en el púlpito de la Catedral en el que promovió la fundación del primer hospital psiquiátrico del mundo para la acogida y tratamientos de los enfermos mentales, del que el próximo año se cumplirá el 600 aniversario.

Aquel sermón en el que el padre Jofré hizo un inesperado llamamiento a la caridad ciudadana fue también el origen de la advocación mariana como Nuestra Señora la Virgen de los Desamparados.

El sermón dio inmediatamente fruto al secundar los deseos del fraile mercedario, Lorenzo Salón, rico mercader de la ciudad que transmitió los deseos del padre Jofré a otros destacados mercaderes.

Los historiadores, como Juan Hierro, explican que tan sólo dos meses después, " comenzaron las obras en un solar adquirido en las inmediaciones de la Puerta de Torrente, más tarde llamada de los Inocentes. El rey don Martín el Humano confirmó las obras y, a petición de los Jurados de la ciudad, concedió el privilegio de amortización, firmado en Barcelona a finales de 1409".

El pontífice Benedicto XIII otorgó licencia para erigir capilla y cementerio y una capellanía que tuviese a su cargo la administración de los sacramentos a los enfermos del naciente hospital.